Breve historia y antología de la estética

Breve historia y antología de la estética

José María Valverde Pacheco

Language:

Pages: 220

ISBN: 2:00358660

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Este libro, nacido de la enseñanza, pero con esperanzas de interesar también a lectores libres de cursos y exámenes, sólo pretende ofrecer una mínima síntesis del desarrollo histórico de la estética, sobre todo en su núcleo conceptual. En lo que se llama "ideas estéticas" se reúnen varias perspectivas, en cada momento: así, lo que dijeron los grandes filósofos sobre la belleza y el arte -cuando no callaron sobre tal tema-, y lo que opinaron los propios hacedores o sus críticos inmediatos sin ambición filosófica; todo ello en el contexto de la mentalidad de cada época y, claro está, teniendo como interés supremo la realidad misma de lo estético, es decir, los hechos de las artes y de las letras. Sabemos que sobre estos hechos singulares se puede hablar interminablemente sin llegar a conclusiones fijas, pero se hacen aún más interesantes cuanto más los vemos sobre el trasfondo de las ideas y la sociedad en que se insertaron. Cada capítulo lleva, tras su sucinta exposición, una antología de textos típicos, cuyas traducciones -a veces más adaptadas que literales- son de nuestra propia responsabilidad si no se indica otra cosa. Acaso el designio principalmente informativo que ha movido esta obra no la haya librado de sectarismos de diversa índole: querríamos que el más importante de ellos fuera la oposición a la tendencia contemporánea -ya señalada y fomentada por Hegel- a dar más valor a las ideas generales que a los hechos y obras singulares.  

The Routledge Companion to Aesthetics (3rd Edition)

Music in Youth Culture: A Lacanian Approach

Eye of the Painter & the Elements of Beauty

Aesthetic Theory (Bloomsbury Revelations)

Afterness: Figures of Following in Modern Thought and Aesthetics

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

fenómeno nuevo, el maquinismo: los medios para construir una casa a escala humana están totalmente trastornados, prodigiosamente enriquecidos, opuestos a las costumbres, hasta el punto de que nada de lo que nos ha legado el pasado es de alguna utilidad, y que una estética nueva está buscando a tientas. Estamos al comienzo de una nueva forma: es ella lo que vamos a intentar expresar. El antropocentrismo, es decir, la nueva toma de contacto con la escala humana, es, en una palabra brutal,

vida. Cierto que también cabía una versión más serena de este efecto: la música, no como arrebato, sino como serenamiento, cuando su armonía hace �templarse» por simpatía las destempladas facultades del alma, imponiéndoles su propio equilibrio. Pero insistimos en remitir a la Oda a Salinas para la descripción de este proceso, que todo aficionado a la música conoce en sus dos vertientes, de excitación y de pacificación. La armonía, pues, asumiría en el hombre un carácter de �expresión», de

tropas en caso de batallas, o de descentralizar la ciudad en barrios análogos, para dispersar los posibles motines populares —enfrentando, de paso, a esos barrios entre sí—, junto con la larga indecisión de los ricos sobre si vivir todos en la misma área, o dispersarse por la ciudad, o retirarse a las afueras; y, tratando de imponerse sobre todos estos factores, los esquemas ideales de la ciudad circular o de la cuadrícula hipodámica... De todo eso, el espíritu renacentista dará un salto a la

aceptando teóricamente el deber de la �reproducción» y en las letras se siga repitiendo el ut pictura poesis: lo estético se va viendo más como expresión y menos como imitación, si bien la expresión pueda serlo del anhelo de seguridad racional y matemática, característico de la gran crisis del siglo XVII y que subyace a las contorsiones del Barroco. Una nueva terminología estética Pero, como decíamos, para ilustrar ese lado no-racional, mejor que un análisis sistemático, nos serviría una

que se comprendiera por dónde había de ir un auténtico arte de la época industrial: eso lo haría, todavía con no pocas ambigüedades, William Morris (1834-1896). Éste, partiendo de la protesta de Ruskin contra la fealdad de la industrialización y contra el sentido propagandístico del arte desde el Renacimiento, llegó a preparar, sin imaginarlo, las bases del funcionalismo. Como su maestro, contrapone la transparencia y la honradez de las formas medievales a la creciente bastardía de las formas

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