Lo grotesco. Su realización en literatura y pintura (La balsa de la Medusa nº 174)

Lo grotesco. Su realización en literatura y pintura (La balsa de la Medusa nº 174)

Language: Spanish

Pages: 344

ISBN: B0123WCKSW

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


El terror nos asalta con rigor precisamente porque se trata de nuestro propio mundo, de manera que la confianza que depositábamos en él no resulta ser más que una apariencia. Simultáneamente tenemos la sensación de que no podríamos vivir en ese mundo de repente transformado. No se corresponde con lo grotesco el miedo a la muerte, sino el pánico ante la vida. Y a la estructura de lo grotesco pertenece la abolición de todas las categorías en que fundamos nuestra orientación en el mundo. Desde la ornamentación renacentista hemos asistido a la plasmación de procesos perdurables de disolución: la mezcla de ámbitos y reinos bien distinguidos por nuestra percepción, la supresión de lo estático, la pérdida de identidad, la distorsión de las proporciones «naturales», etc. Y en la actualidad se han sumado a aquellas otros procesos más de disolución: la anulación de la categoría de cosa, la destrucción del concepto de personalidad, el derribo de nuestro concepto de tiempo histórico.

Lo grotesco. Su realización en literatura y pintura es, con la obra de Baudelaire y Bajtin, uno de los textos fundamentales para entender esta categoría. Kayser analiza el desarrollo de lo grotesco en la literatura y en la pintura, y, tras estudiar sus precedentes, El Bosco, Bruegel, afirma que lo grotesco es una creación plenamente moderna, que encuentra su marco adecuado y su punto de partida en el Romanticismo.

Music of the Common Tongue: Survival and Celebration in African American Music (2nd Edition)

Beauty and the Bible: Toward a Hermeneutics of Biblical Aesthetics (Society of Biblical Literature; Volume 73)

The Routledge Companion to Aesthetics (3rd Edition)

The Shape of Green: Aesthetics, Ecology, and Design

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

puede entenderse sin la idea de la paradoja, así también ocurre con nuestro arte, con nuestro mundo, que solo existe porque existe la bomba atómica, por miedo a ella. (Hojas de El Teatro Alemán en Hamburgo, 1956/57, cuaderno 5: La visita de la vieja dama). Acaso el estudio de lo grotesco en el pasado y la comprensión conceptual del fenómeno pueda resultar de ayuda para acceder al arte moderno e incluso sirva para ensayar una posición más firme en orden a comprender nuestra contemporaneidad. En

entrada para una caseta de la feria, pero no para el universo artístico de un Keller, de un Ravel, el de la danza o el de la pintura española. Ya Flögel subrayó que, al respecto de lo grotesco, �los españoles habían aventajado a todos los demás pueblos europeos». Lo atribuyó a la �exuberante y fogosa fuerza imaginativa» de aquellos, una interpretación gracias a la cual ya la crítica del siglo XVII francés había probado una definición de lo característico y distintivo del arte español con vis- 22

Cuando el tren pasó, vino el guardavías y recolectó las cabezas. Ya tenía en su casita una cesta bien llena. Busch se anticipó con su Sueño de Eduard a lo que más tarde se había de hacer pasar como la novedad surrealista. Aunque también es cierto que uno bien podría ver en Busch el retorno de Bruegel y de El Bosco (donde existe un mismo marco cristiano igualmente inoperante). Tampoco pretendemos con ello exagerar el valor literario de El sueño de Eduard. Seguramente el valor de la historia

emocionales de diferente índole –sonrisa, terror, repugnancia– nos parecía la más adecuada. Pero en Kafka no sabemos si nos está permitido sonreír cuando los caballos expresan su empatía con la situación haciendo ruido o cuando acuestan al médico. Tampoco sabemos si acaso deberíamos o simplemente podríamos sentir miedo. Entre narrador y lector se ha establecido una extrañeza como tal vez nunca se había dado antes en la historia de la literatura –y eso que al ocuparnos de la literatura grotesca ya

Pero era la arena amarilla de una llanura sin principio ni fin. De vez en cuando decía: �Agua… agua azul». Pero él mismo no comprendía por qué. Un caballero en uniforme verde plisado iba montando a toda velocidad sobre un caballo verde. El jinete verde tensó su grueso arco blanco, se volvió sobre su silla y tiró la flecha al hombre rojo. La flecha silbó como un hombre que llora y quiso penetrar el corazón del hombre. Pero el hombre rojo la aferró con la mano en el último segundo y la tiró a un

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